En abril del 2002 Marcelo Aravena se preguntaba ante las dependencias de lo que era la panadería Tres Puentes, si realmente se podría hacer algo con un local que más se asemejaba a una construcción después de la bomba de Hiroshima, que a una vieja casona ñuñoina.

Paredes de adobe descascaradas, baldosas sueltas, cañerías dando hacia ninguna parte, ripio como suelo y un gran hoyo como techo, era el resultado de un descuido más cercano a la alevosía que a la simple dejación.

Tuvieron que pasar, al menos, dos años y varios camiones de escombros;  la cancelación definitiva del contrato de hospedaje y posterior desalojo a toda araña, ratón, gato e inciertos insectos que por décadas usufructuaban buenamente del lugar, para que por fin un buen día nos encontráramos de frente y dignamente con una construcción de 130 años, de estilo neoclásico en su friso, con una volumétrica espaciosa y calida, de gran luminosidad, que aún tenia otro siglo por delante para contar.

La Galería de Arte VALA / Vanguardias Latinoamericanas, comenzó a funcionar un lluvioso 3 de agosto del 2004, con una exposición de Roberto Matta gratis para todos los ñuñoinos y para los otros habitantes de esta cuidad, aunque no tengan el buen gusto de vivir en esta comuna. VALA realizó 19 exposiciones de arte contemporáneo; trabajaron más de cincuenta artistas -en su mayoría jóvenes-, y se transformó en un punto de encuentro para el arte, la crítica, la reflexión y la imaginación innovadora. Todas cosas que en nuestro querido país son altamente no rentables.

Cómo el rendirse no es para Marcelo Aravena e Isabel Peralta (madre he hijo) una opción, crearon este RestoArt (concepto único en Chile) que trata de conjugar el arte como elemento distintivo más que decorativo. Las paredes les pertenecen a las obras y, el suelo, a los comensales.

Quisimos que el vino tuviese un rol preponderante: una carta con 80 etiquetas señala esa preocupación. Dividimos los ambientes en dos: un bar donde sobresale una barra de más de 12 metros, con modernas sillas VOP, de fibra de vidrio, en donde la coctelería y nuestras tablas son nuestras mejores danzarinas; un comedor con sillas de cuero de diseño italiano, donde nuestros mejores peces del pacífico se dejan saborear por nuestros huéspedes en una propuesta gastronómica un poco más que simple y menos que enrevesada. De pronto uno se encuentra con una corvina rellena con centolla en salsa de arándanos en limón de pica, o con nuestra coqueta albacora en salsa de loco que tiene encuentros furtivos con nuestro querido congrio marinara con risotto de espinaca, los que siempre están a la búsqueda de ese vino que nos lleve de una sola vez al Olimpo.

Así UVA (Unión Vino y Arte) está repleto de actividades, exposiciones, catas, recitales de poesía, concursos de coctelería, jornadas de cortometrajes, tremendas conversaciones. Ya varios amores y una tierna mirada para quien sepa que aparte de la realidad de la vida, también existen sabores.

Marcelo Aravena Peralta

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